En la temporada 1996-1997, RCD Mallorca vivió una de sus etapas más gloriosas que culminó en el anhelado ascenso a la Primera División. Con un plantel que combinaba juventud y experiencia, el equipo bajo la dirección del entrenador Javier Clemente se convirtió en un verdadero contendiente en la Segunda División. La afición, conocida por su inquebrantable apoyo, se unió al equipo en cada partido, creando un ambiente electrizante en el Estadio que impulsó a los jugadores a dar lo mejor de sí.

Uno de los momentos más destacados de esa temporada fue el enfrentamiento contra el Sporting de Gijón, donde Los Bermellones lograron una victoria decisiva que les permitió tomar la delantera en la tabla. La capacidad del equipo para desempeñarse bajo presión se evidenció en cada encuentro, y el compromiso de los jugadores fue palpable. Nombres como Aouate, que brilló en la portería, y el delantero Fernando Niño, quien se convirtió en el máximo goleador del equipo, fueron clave en esta emocionante campaña.

El ascenso se selló en la última jornada de la liga, un momento repleto de tensión y emoción. Con la victoria asegurada, los aficionados estallaron en jubilo, convirtiendo el Estadio en un mar de alegría y celebración. Este ascenso no solo representó un logro deportivo, sino que también simbolizó la esperanza y la resiliencia de una comunidad que siempre ha estado al lado de su equipo.

La temporada 1996-1997 no solo fue un capítulo en la historia de RCD Mallorca, sino un testimonio de la pasión de su afición y el espíritu indomable del club. Años después, los ecos de aquellos días aún resuenan entre los seguidores, recordando cómo un grupo de jugadores, unido por un objetivo común, logró llevar a Los Bermellones a la élite del fútbol español. Este ascenso sentó las bases para el futuro del club y se convirtió en un referente de lo que significa ser parte de la familia bermellona.